En una esquina de una ciudad cuyo nombre se me prohíbe recordar, él camina con banderas en sus manos esperando que alguien le intercambie billete por patriotismo. Su actitud recia, de macho en poderío se confunde con altanería y pesadez, su postura de tiempos de Hitler lastima el paisaje y confunde a cualquiera que fije su mirada en él; ¿es él realmente el adecuado para vender mi símbolo patrio? Y luego lo supe.
Pavoneándose por encima del asfalto gris venía una fémina con paso de quinceañera, cuerpo de mujer de veinte con experiencia y actitud de una cualquiera que cree que todo el mundo la venera. Sin darle importancia alguna al macho cabrío que domina ese territorio, ella le camina por atrás de su espalda haciendo que en él se despierte la naturaleza de la cual Dios lo proveyó. Él sin medir el poder de su visión, pero con un control bárbaro de la misma, espera que esta niña cualquiera haya recorrido al menos un metro y entonces es cuando se voltea y la examina de pies a cabeza, deteniéndose un instante prolongado en, en ese lugar que no es necesario nombrar; se saborea, piensa que de tener la oportunidad no la desperdiciaría en un ratito pasajero y luego vuelve su atención al puño de banderas y al hecho de que puede que nadie le compre ni la más pequeña para honrar este 15 de septiembre.
muy bueno!
ReplyDeletehaha nada como eso. Esa naturaleza del vendedor de patriotismo, no es exclusiva. Toda una historia en un semáforo. haha muy bueno ;D
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