Monday, April 11, 2011

II

          Es cuando inclinas tu cabeza hacia la derecha para que encuentre tu mano y así ser sostenida de la gravedad, es cuando tu mirada se pierde entre sus ojos y tus oídos son arrullados con sus palabras, es cuando una pregunta del tema te toma por sorpresa y lo único que puedes responder es “aja”; es entonces cuando sabes, cuando te das cuenta, que es algo muy parecido al amor.
          ¿Lo niegas? Claro que lo niegas, ese sentimiento dulce y tibio dentro de tu pecho no es algo que un hombre deba sentir. Ese sentimiento de dependencia no es algo digno de un hombre libre o soberano. Pero, de cualquier manera tu razón se adormece y la claridad que antes definía tu ser ahora se esconde y le da paso a la torpeza de un hombre enamorado, a su imprudencia y sobre todo a su honestidad.
          -emm… gracias por recibirme, así tan de repente-
          -siempre sales con lo mismo… me encanta tenerte aquí- respondió ella, con esas palabras que no te venden la verdad completa, que te arrullan y a la vez envenenan con su vaguedad.
          -¿es verdad eso…
          -¿qué cosa?
          -… e…- no pude responder, no quería responder, me moría por responder, pero tenía miedo
          -…eso que dicen, que la tele te fríe el cerebro? – y terminé diciendo una estupidez; aunque eso es de costumbre. Ella se rió, su sonrisa me tranquilizó y aunque mi ser se revolvía en dudas; ella estaba allí, yo estaba allí y nada más me importaba.

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